Massalia

El blog de Piteas

[Nueva Massalia] El viaje XIII - El corazůn del valor

Publicado el 28 de Abril, 2011, 0:46. en General.
Comentar | Referencias (0)

Osuspiro se retras√≥ para obligar al astr√≥nomo a continuar camino mientras el resto segu√≠amos avanzando. Cuando ambos volv√≠an hacia nosotros, los monstruos comenzaron a organizarse. Las ara√Īas peque√Īas dejaron de intentar avanzar, mientras que las grandes se situaban en filas. Sus jinetes sacaron grandes arcos de hueso y tensaron sus cuerdas.

La primera andanada de flechas qued√≥ bastante detras nuestra, pero con la segunda los esqueletos corregieron el tiro y las flechas comenzaron a caer a nuestro alrededor. Avanzamos a gatas entre la lluvia de flechas, destroz√¡ndonos rodillas y codos mientras rez√¡bamos porque ninguna nos acertase. Hazmat, que lideraba la fila, lleg√≥ hasta la entrada del templete. Ya erguido, nos ayud√≥ al resto a pasar a cubierto. Para cuando llegaron Osusp√¨ro y el astr√≥nomo nos hab√≠an disparado encima m√¡s de siete andanadas. Incluso alguna flecha se hab√≠a clavado en el grueso petate a la espalda de Rheshef.

La sala que serv√≠a de entrada al templo estaba cerrada al exterior excepto por la puerta de entrada. Excessus y yo a√ļn ten√≠amos el arco intacto tras todas las peripecias. Repartimos las flechas que quedaban entre nuestros carcaj y buscamos √¡ngulo de tiro desde el dintel. Dremin, por su parte, hab√≠a explorado las salas de alrededor para saber desde donde podr√≠amos cubrir mejor la pasarela. El caballero volv√≠a contento, arrastrando un cofre que hab√≠a encontrado en la sala contigua.

  • ¬¿Que tra√©is Dremin? -pregunt√©, mientras me ajustaba el carcaj a la espalda
  • Un regalo de los dioses maese -dijo, dejando caer el cofre delante nuestra: su interior estaba lleno de espadas de bella factura y brillantes armaduras.
  • ¬¡Vaya -exclam√≥ Hazmat, que volv√≠a tambale√¡ndose desde la puerta-, esto si ha sido un golpe de suerte!

Y dicho esto, el mago se desplomó sin sentido en el suelo, sangrando profusamente. El Adm y yo nos avalanzamos sobre él. Un par de flechas le habían alcanzado en el costado y el brazo derecho.

Excessus aplic√≥ los propios ung√ľentos de Hazmat sobre sus heridas, y al menos pudo parar la sangre. Rheshef ayud√≥ a quitarle las flechas y vendar las heridas, y el resto nos repartimos entre la puerta y unas troneras que Dremin encontr√≥ en las salas contiguas. El ej√©rcito, al ver que nosotros ya est√¡bamos a cubierto, hab√≠a cesado en los disparos, quedando s√≥lo alerta una guardia de arqueros al pie del puente. Est√¡bamos a salvo por el momento.

Nos equipamos con lo que trajo Dremin, y decidimos pasar la "noche" (en Nederia no existen sol ni luna) en ese mismo lugar. La cena fue bastante frugal, pues no sab√≠amos cuanto tendr√≠amos que esperar all√≠ y deb√≠amos racionar los alimentos. Tras comer fuimos montando guardia con los arcos de dos en dos, para reaccionar si el ejercito avanzaba.

Durante mi turno de descanso, el mago despertó tosiendo. Tras alcanzarle algo de nuestra mermada agua se incorporó y observó la sala.

  • No es buena situaci√≥n...
  • Ser√≠a peor si nos hubiesemos quedado -respond√≠-, hicisteis bien en traernos.
  • Lo s√©. Aqui nos podemos hacer fuer... ‚Äď la tos, esta vez acompa√Īada de sangre, interrumpi√≥ la frase. Me asust√© bastante, la herida deb√≠a ser m√¡s grave de lo que pens√¡bamos
  • Reclinaos, Hazmat. Guardad fuerzas.

Hazmat volvio a beber otro trao de agua, calm√¡ndose un poco la tos. Mientras yo arroj√© un vistazo detenido a la sala donde est√¡bamos. Sin ningun abalorio, los contrafuertes de las paredes se un√≠an en una elegante b√≥veda sobre nosotros. A un lado y otro, guardaban el camino las salas de las troneras, donde ahora montaban guardia Osuspiro y Rheshef.

Detr√¡s nuestra, en la pared contraria a la entrada, un portal custodiaba la parte interna del templete. El dintel de esta puerta era el unico decorado. Tallado como ramas de vid entrelazadas, simulaba sostener en su punto mas alto un cartel donde estaba tallada la palabra "VALOR". Todo me resultaba inquietantemente familiar.

  • Hazmat -pregunt√© extra√Īado- ¬¿alguna vez hab√≠ais estado aqui antes?
  • ¬¿Yo? -el hechicero volvi√≥ a intentar incorporarse- Jam√¡s muchacho. Pero, por lo que veo en tu mirada, este sitio lo hemos visto tanto tu como yo.
  • No lo comprendo
  • ¬¿No conocer√©is a Trevas, el escultor?

¬¡Trevas! Me acord√© de su casa, en el Mons Cayvm. y como Dremin y yo tuvimos que salir de all√≠, perseguidos por los vagabundos. Parec√≠a que hab√≠an pasado a√Īos desde esa noche. ¬¿Ten√≠a el artista algo que ver en toda esta locura?

Le conoc√≠ en su juventud. Era un aprendiz, obsesionado con las legendarias obras del Adm Bob. Compartimos hogar durante un tiempo en la Bah√≠a del Sol, donde yo buscaba inspiraci√≥n y el comenzaba sus primeras esculturas.

Y en ese momento record√©. Trevas realiz√≥ un trabajo para los Adm de Espa√ļn en las laderas del monte Nib√©l, cerca de Bahia del Sol. Siempre dijo que nunca le acab√≥ de complacer del todo. Era un peque√Īo templete, que se pod√≠a usar como refugio si la noche sorprend√≠a a los caminantes. Lo llam√≥ "El templo al valor". Ahora me daba cuenta que no era sino una peque√Īa sombra del templo donde nos encontr√¡bamos

  • Pero...
  • Yo tambi√©n conoc√≠ a Trevas, maese -dijo Hazmat mientras se recostaba-, hace ya meses que abandon√≥ su hogar en Mons Cayvm, atormentado por sus propias musas.
  • No os entiendo
  • Trevas es un gran escultor, sin duda, pero lo que realiza no es producto de su imaginaci√≥n, Piteas. Desde joven, su mente se alejaba de su cuerpo durante el sue√Īo, cruzando viajera los hilos de plata, y llegaba hasta aqu√≠ abajo. √Čl fue realmente el primer hombre en atisbar Nederia.
  • Y todo lo que el creo ¬¿esta aqu√≠?
  • Aqui no, exactamente -el mago mir√≥ a traves del port√≥n externo- all√≠ fuera, si pudieramos viajar lo suficiente, admirar√≠amos la Dama fria, el Sol oscuro... todas sus construcciones
  • ¬¿Y como lo averiguasteis?
  • Trevas cruz√≥ el desierto hasta Poniente hace muchas estaciones. Buscaba alg√ļn mago que diera alivio a sus sue√Īos, que estaban cada vez m√¡s llenos de lugares retorcidos y oscuros. Tras tentarle con parajes gloriosos, Nederia le comenzaba a mostrar su lado mas siniestro.
  • ¬¿√Čl esta bien?
  • Desde luego, Piteas. Le encontr√© y me ofrec√≠ a ayudarle. Aprendi√≥ a dominar de nuevo su alma durante el sue√Īo, sujet√¡ndola f√©rrea y gui√¡ndola donde el quisiese. En cierta manera, arruin√© una inspiraci√≥n monstruosa, pero le devolv√≠ la paz. En pago, √©l me ayud√≥ a construir un plano de Nederia. Registramos cada isla, cada construcci√≥n, cada t√ļnel y cada monstruo que observ√≥.
  • ¬¿En la biblioteca de Atlantia?
  • No... aqu√≠ -Hazmat se se√Īal√≥ la cabeza mientras sonre√≠a.

Me levanté, confuso, intentando recordar. Había algo importante que no alcanzaba a discernir. Algo que sospechaba vital para nuestra situación, pero que se escondía en un rincón de mis recuerdos.

  • Os veo anonadado, Piteas
  • No, no es esto, el caso es que...
  • ¬¡Alerta! Cruzan el monte quemado -el grito de Reshef cort√≥ mis pensamientos.
  • Descansad Hazmat -respond√≠ r√¡pidamente, mientras corr√≠a a la tronera del astr√≥nomo.

Dremin y Excessus se agolpaban detr√¡s de Reshef, pele√¡ndose para ver lo que este avistaba con su telescopio. Durante unos momentos estuvimos pendientes de la oscurecida ladera del norte, esperando ver al mosntruoso Griefer cruz√¡ndolo, pero Reshef se√Īal√≥ el cielo oscuro.

Contra la espesa mata de nubes se recortaban una miriada de figuras, blanquecinas y abotargadas. El viento arrastraba lamentos inhumanos, disonantes y desesperados como el mugido de las reses en un matadero. Los seres, que paec√≠an ser arrastrados por el aire hacia arriba, comenzaron a descender sobre nosotros torpe y lentamente.

El astr√≥nomo dispar√≥ un par de flechas a los mas cercanos. Estos se desinflaron como un odre lleno de aire, cayendo inertes a la lava. Nos miramos incr√©dulos ante estos nuevos mosntruos, que no parec√≠an revestir ninguna amenaza, hasta que Excessus alert√≥.

  • ¬¡Fuera de la tronera!¬¡Fue... -no lleg√≥ a terminar la frase. 

Una explosi√≥n de fuego destroz√≥ la pared, y nos arroj√≥ a todos hacia atr√¡s. S√≥lo dej√≥ tras de si una lluvia de cascotes ardientes. A punto estuve de perder el conocimiento.

Me levanté y vi que el Adm y el astrónomo se llevaron la peor parte, pues estaban delante en el momento de la explosión. A pesar de sus heridas y quemaduras, que aparentaban ser bastante graves, ambos respiraban, por lo que intenté sacarlos de allí.

Dremin se recuper√≥ enseguida y me ayud√≥ a volver a la sala principal con los heridos. Osuspiro hab√≠a salido mientras tanto hasta la puerta exterior, donde disparaba a los nuevos monstruos. Los seres flotantes vomitaban llamaradas, que el explorador esquivaba como buenamente pod√≠a sobre el resbaladizo puente.

Cada vez que una de esas bolas de fuego tocaba la estrecha pasarela, estallaba furiosamente en llamas. Pero a pesar de esto el puente segu√≠a intacto sobre el abismo. Mientras, el ej√©rcito de la otra orilla no perd√≠a el tiempo. En un instante reanudaron la lluvia de flechas sobre el explorador que amenazaba con abatirle, si no resbalaba antes cayendo a la lava.

  • Joder con el h√©roe -se quej√≥ Dremin
Dejó a Excessus junto al hechicero, mientras este se incorporaba asustado

  • ¬¡Piteas, examinad la heridas por si podeis hacer algo! Yo intentare que no maten al chaval.

El caballero corri√≥ hacia el puente, donde Osuspiro intentaba resistir la nueva andanada de flechas. Hazmat mientras me iba diciendo qu√© deb√≠a hacer. Rasgu√© las vestiduras y apliqu√© los ung√ľentos que a√ļn nos quedaban, pero el mago me confes√≥ que no ten√≠amos mucho con lo que ten√≠amos all√≠. S√≥lo nos quedaba algo de linimento, pero necesit√¡bamos equipo de quirurg√≠a.

Y entonces se ilumin√≥ el oscuro rinc√≥n de mi mente.

  • ¬¡Es eso Hazmat!
  • Si, es eso maese, el Adm y el astr√≥nomo moriran seguramente.
  • No, no, no. Es lo que Trevas me dijo en su dia del templo. Que no le gust√≥ porque no estaba completo.
  • Ahora soy yo quien no os entiende maese
  • Me dijo que en el coraz√≥n del templo ten√≠a que haber un portal, un portal a casa. Nunca lo entend√≠, pues no ten√≠a sentido... un portal tan cerca de dos ciudades que ya pose√≠an uno. Hasta que vos me lo hab√©is explicado. No era un capricho del artista, sino que √©l YA LO HAB√ćA VISTO EN SUE√ĎOS.

Hazmat comprendi√≥ al vuelo. Me ayud√≥ a tumbar a Reshef y Excessus sobre sendas esterillas. Us√¡ndolas como parihuelas, los arrastramos hasta el interior del templo. Me volv√≠ a la puerta de entrada y avis√© a los compa√Īeros de la retirada.

En aquel momento Osuspiro se aferraba agachado al dintel exterior. Estaba sujetando a Dremin para evitar que cayese al abismo, en mitad de la lluvia de fuego y flechas. El caballero hab√≠a acudido en ayuda de Osuspiro, pero resbal√≥ apenas puso un pie en la pasarela. Gracias a los dioses, se aferr√≥ en el √ļltimo instante y -mientras gritaba de espanto- qued√≥ colgando del suelo de la entrada.

El mago yo nos adentramos en las salas interiores, seguidos de nuestros compa√Īeros en cuanto Dremin pudo encaramarse. Sin apenas fijarme en detalles, recorr√≠ lo m√¡s r√¡pido que pude los pasillos, reconociendo el camino hacia el refugio interior.

Los ecos de los flotantes comenzaron a resonar por los pasillos, record√¡ndonos la inmediatez de nuestros perseguidores. Pero entonces llegamos a una gran puerta doble de alabastro -que sin duda deb√≠a ser la inspiracion de las puertas de madera blanca del templo de Nybel.

Hazmat y yo empujamos triunfantes las puertas de la sala, para descubrir una c√¡lida estancia de alabastro y madreperla, iluminada por dorados pebeteros. En la mitad, se levantaba un bello arco de obsidiana, pero este estaba limpio y vac√≠o: no habia portal alguno.

Nos detuvimos un instante, incrédulos. Me sentí desfallecer y con ganas de llorar. Había acariciado una esperanza con los dedos y ahora sólo me quedaba la cruel realidad. Sin embargo Hazmat reaccionó pronto, arrastró a Reshef hasta el estrado y me indicó que hiciese lo mismo con Excessus. Mientras le seguía observé que las vendas del mago estaban encharcadas en sangre: sus heridas se habían abierto.

  • Hazmat, quedaos con ellos.
  • Piteas -me cort√≥ decidido-, si he de morir, prefiero morir de pie y luchando. Ayudadme a ce√Īir una de las armaduras, por favor.

Mientras el mago se colocaba una de las cotas, Osuspiro y Dremin entraron atropelladamente en la sala.

  • Ya vienen -coment√≥ jadeante Dremin -las explosiones a su espalda ratificaban sus palabras.
  • Las paredes interiores son gruesas, han resistido m√¡s de una llamarada de esos seres -dijo Osuspiro, mientras ayudaba a Dremin a cerrar las puertas de alabastro-. Creo que si nos colocamos a ambos lados de la puerta tendremos algo de parapeto.

Siguiendo el consejo, cada pareja nos colocamos a un lado de la puerta. Dremin y yo en una, Osuspiro y Hazmat en la otra. Dado que los dos ultimos arcos habían quedado destrozados, desenvainamos las espadas que Dremin había conseguido.

Entreabrimos las hojas de la puerta. Nuestra esperanza era que los seres bajasen a la abertura del dintel, en lugar de simplemente volar la puerta, y pudiéramos caer sobre ellos en cuerpo a cuerpo.

Mientras los flotantes se acercaban, o√≠ a Dremin canturrear una oraci√≥n por su alma. Fui consciente entonces que, aunque todo saliera bien, no hac√≠amos sino retrasar lo inevitable. Era el final.

  • Siento haberos arrastrado a esto, Dremin -le dije en un hilo de voz, sin atreverme a mirarle a los ojos.
  • ¬¿Bromeais? -dijo sorprendido-, Serveria entera esta siendo masacrada a traici√≥n maese. Gracias a vos he podido plantar cara y luchar. Con que hayamos retrasado unos d√≠as la caida, habr√¡ valido la pena.
  • Desde luego tuve suerte de encontraros en  Drakenden -me volv√≠ hacia el  caballero-. Ha sido un honor, Sir Dremin
  • Lo mismo digo Maese Piteas -dijo, poni√©ndome la mano en el hombro-. Ahora, vendamos caras nuestras vidas.


--
Publicado por Piteas para Nueva Massalia el 4/28/2011 12:46:00 AM