Massalia

El blog de Piteas

Comienzos Oscuros

Publicado el 12 de Septiembre, 2005, 15:15. en General.
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Canción pare leer este post: "El druida" de los hermanos Danna, del disco "A celtic tale / La leyenda de Deirdre", tambien vale "El piano" de Michael Nyman, pero no es lo mismo...


Todo buen friki tiene sus inicios, y los mios están intimamente ligados a la literatura de terror. Durante años,cuando era niño, consumía libros y libros del "duende verde" y el "barco de vapor" (Las dos editoriales que mas han hecho por arruinar el gusto a la lectura en los niños) que mi tia la monja me conseguía, gracias a su puesto de profesora.

Luminosos y pacíficos transcurrían aquellos dias, en los que era protegido por el afán "educador" de mi madre y mi tia por los libros "buenos", con historias blancas de gente que veraneaba y se lo pasaba de maravilla, o problemas absurdos a niños que NO eran como yo sobre los que ellos pasaban sin problemas ni que su autoestima fuese afectada en mayor medida.

Hasta aquella noche... Era finales noviembre, me acuerdo porque es la fecha en las que las nieblas bajan al valle del Ebro, y ya no se van hasta pasado el año nuevo. Esa noche la niebla ocupaba la calle y yo me encontraba, con unos 11 años, sólo en mi fria habitación. Los libros se habían acabado hacía ya un tiempo y mis padres, como costumbe, me habían prohibido ver televisión por algún castigo absurdo que no alcanzo a recordar.

Fue entonces cuando aquel libro me llamó. No, no fui yo el que se fijó él, porque entonces tan sólo habría tenido curiosidad por el mismo, no, esto fue algo distinto. ¿Nunca habeis tenido la agobiante sensación de que os miran? Eso sentía yo, sentado en el suelo de mi habitación. Mire nervioso a todas partes notando como el corazón se me aceleraba por momentos (como ahora mismo) hasta que mi mirada se posó en una esquina de las estanterías de mi hermano.

¡Allí, apretujado entre libros, había un pequeño libro en rústica que me estaba mirando!. Realmente no era el cuadernillo el que escudriñaba mi alma, haciéndome sentir como una presa desvalida, era el esqueleto solitario que reposaba al final del portalón oscuro dibujado en la portada. Había oido ya algo de los cuentos de miedo y algún cuento de el "Duende verde" y la "Familia Holister" (¡Que lejanos suenan ahora esos nombres!) ya habia intentado emular esa sensación.

Por eso pensé que no podia hacerme daño, que no importaba lo que etsaba a punto de hacer, a pesar de que el pulso que me gopeaba las sienes y el corazón que a duras penas controlaba me decían que saliese del cuarto, que olvidase aquella portada que mi hermano, accidentalmente, había dejado al descubierto. Puse una silla frente a la balda y, subiendome a ella, cogí con ambas manos el, ya por aquel entonces, cuadernillo en rústica.

Hoy en día, ahora mismo, cuando lo acaricio con las manos, noto que su tacto es idéntico a la primera vez. Frio y suave, pero se adhéria un poco a los dedos como si la tapa hubiese estado expuesta a demasiada grasa. Las hojas, al igual que hoy, olían a papel viejo, a ese al que huelen las enciclopedias sin usar de mis padres.

Por alguna razón, cuando bajé de la silla y tuve el libro en mis manos, supe que estaba haciendo algo prohibido y que ya era demasiado tarde para hecharse atrás. Me fui a una esquina de la habitación, como alguien que se acurruca con miedo a ser descubierto, y abri el libro...

Ocho hojas, decenas de palabras sugerentes y sinónimos nunca oídos, pero cuyo significado me quedaba claro. Cementerios malditos y olvidados, formas oscuras que bailan a la luz de la luna justo en el rabillo del ojo, una desesperada comunicación por radio que se convierte en la via para el último testimonio de un condenado a muerte por curiosidad, por querer arrancarle los secretos a los abismos negros nunca hollados, por los seres que jamás desean ser molestados por el ser humano... y un escalofrío en mi nuca como señal de que la catarsis había ocurrido.

Nada volvió a ser lo mismo; cuando salí de ese cuarto habia cambiado en mi forma de ver el mundo. Ahora todo el mundo escondía oscuros secretos y cualquier cementerio podía ser testigo de aborrecibles actos de seres que debían descansar eternamente. Ahora... era un friki